Responsabilidad

¡Dale paso para que se apuren!

Una parte ineludible de nuestro día a día consiste en trasladarnos. De alguna u otra manera la vida productiva sugiere moverse de un lado a otro.

Algunos lo hacen en un vehículo particular, otros lo hacen a pie; y parte de ese traslado implica cruzarnos con otros seres humanos. Los seres humanos para “facilitar” ese desplazamiento hemos diseñado vías de trasporte, estas pueden ser la calle (vehículos) o la acera (a pie).

Quizá visto desde el aire, pareciera que todo transcurre con orden y sin novedad, pero basta que nos vayamos acercando, para que veamos el verdadero caos que implica el desplazarnos.

Como comentamos anteriormente el traslado implica cruzarnos con otras personas y es aquí donde me gustaría profundizar la idea.

No hay nada más frustrante que tener que frenar nuestro avance porque alguien se nos atravesó. Si vamos en el carro, tener que frenar nos provoca la sensación que hemos perdido horas, que no vamos a llegar a tiempo, que se nos hace tarde y con semejante frustración, le hacemos saber al “atravesado” nuestra inconformidad… Venga el cornetazo, el gesto con la mano o frenarle bien cerquita, no tanto como para hacerle daño, pero lo suficiente como para que se asuste. Es difícil pensar que esta agresión sea bien recibida por el “atravesado”, y por lo tanto éste disminuye su paso y con una mirada o un gesto (puede venir acompañado de algún epíteto) nos expresa su desagrado.

Creo que muchos, por no decir todos, nos podemos identificar con esta situación. Sin embargo, los invito a hacer el siguiente experimento: Un día tomemos la decisión de ofrecer el paso a todo aquel que lo necesite mientras nos desplazamos. Personalmente lo hice y el resultado fue sorprendente. Todos los peatones que vieron mi gesto de ofrecerles el paso, con un gesto de agradecimiento aceleraron su paso, de caminando pasaron al trotecito. Si a quien le ofrecí el paso era un conductor, éste rápidamente tomó su paso y bien sea con su mano o con un cambio de luces, me mostró su agradecimiento.

Lo interesante de este experimento es que en ningún caso el peatón o el conductor se tomó más de 5 segundos en devolverme el paso. Supongamos que lo hacemos 20 veces… no hemos invertido ni 2 minutos.

Qué se siente mejor, ¿recibir un gesto de agradecimiento o una agresión?, ¿tendrás acaso 2 minutos de tu día para hacer feliz a 20 personas?