Responsabilidad

Los límites de la privacidad digital

La  tecnología sin duda ha modificado nuestras relaciones interpersonales. Los niños y adolescentes de nuestro entorno tienen mayor libertad y posibilidad de desarrollar vínculos foráneos a través de redes sociales y perfiles digitales que los adultos no pueden controlar, e incluso muchas veces desconocen.

Sin llegar a la pubertad, muchos niños son usuarios plenos de teléfonos móviles o computadores portátiles que están fuera del alcance de la supervisión de sus padres y aplican códigos de bloqueo para sus celulares que impiden a los adultos conocer qué tipo de información recibe o comparte a través de chats, redes o mensajería.

La polémica siempre surge alrededor de este asunto ¿hasta dónde se puede dejar sin supervisión el uso del celular de los niños y adolescentes? ¿cuándo se cruza el límite de la privacidad? ¿qué otros riesgos conlleva que un joven maneje sin mayores filtros diverso tipo de información que lo puede poner en peligro?

Todo depende de la relación que cada quien construya con sus hijos: hay padres abiertos y comunicativos con hijos cerrados y celosos de su espacio; pero también hay padres demasiado flexibles que le restan importancia a la exposición pública que pueden tener sus hijos a través del mundo virtual.

Es importante que por más privacidad y respeto a la intimidad que exijan los jóvenes, debemos recordar siempre que los adultos somos nosotros y tenemos la responsabilidad de monitorear el uso que dan y reciben nuestros hijos – e incluso hermanos menores, sobrinos, o allegados- que los hagan vulnerables a una situación de riesgo de tantas que abundan en la red.

El ciberacoso, por ejemplo, es uno de los problemas más frecuentes con los que lidian los adolescentes que requiere -en la misma medida que el acoso físico- la intervención de un adulto para identificarla y tomar cartas en el asunto. Es muy útil que la comunidad de amigos virtuales o seguidores en una cuenta de redes de un niño o adolescente sepan que hay un adulto cerca. Así mismo, estos adultos deben ganarse el respeto y la confianza de los jóvenes de su entorno al no ser invasivos en los comentarios o exponerlos públicamente con asuntos que pertenecen a lo privado.

De igual manera, los padres deben explicarles a los niños que ya tienen un teléfono, que mantengan el aparato desbloqueado. A medida que van creciendo si los jóvenes utilizan un código de bloqueo o contraseña hay que respetar la privacidad, especialmente de sus conversaciones y no estar constantemente exigiendo ver lo que hablan o comparten porque en caso de detectar una situación de riesgo que realmente lo requiera, será difícil lograr su confianza para ayudarlos.

¿Y tú en qué lado del debate te ubicas? ¿Estás de acuerdo en que los padres puedan revisar eventualmente los teléfonos móviles de sus hijos o lo consideras un abuso a la privacidad? Comparte tu punto de vista.