Nutrición

Loncheras ricas y saludables: consejos para lograr meriendas más sanas

Negociar con los chamos, planificar las comidas con tiempo y hacer de las comidas momentos agradables, son algunos de los consejos que ofrece la educadora en diabetes, María de Lourdes Cartaya, para lograr que los más pequeños adquieran buenos hábitos nutricionales y lleven consigo loncheras saludables. 

Ayer fuimos al mercado. Mamá me dijo que podría agarrar sólo un paquete de galletas y que debía administrarlas durante una semana. “Si te las comes en un día, tendrás que esperar seis más para volver a comprar otro paquete”, me dijo mamá mientras caminábamos por el pasillo repleto de chucherías, el lugar más feliz del mundo.

Así ha ocurrido desde que mi mamá fue a una charla de la Fundación Seguros Caracas donde una señora llamada María de Lourdes Cartaya le explicó un montón de cosas sobre cómo debíamos empezar a comer. Desde entonces mi lonchera empezó a cambiar todos los días. El juguito de cajita no regresó jamás.

Ahora traigo jugo natural y la naranja que siempre se ponía negra en la lonchera porque me daba fastidio pelarla durante el recreo, ahora me la mandan picada y así sí me gusta comérmela. Mi mamá me explicó que como el abuelo es diabético –esa enfermedad que hace que la gente no pueda comer dulce- nosotros debemos comenzar a cuidarnos más para no sufrir de eso nunca. Yo no sé si es tan así, pero prefiero no averiguarlo. Mi vida no tendría sentido si no pudiera comer galletas, aunque tenga que hacerlo sólo de vez en cuando.

Desde el día de la charla empezamos a cenar todos juntos en la mesa. Al principio fue difícil porque ya me había acostumbrado a cenar frente a la tele mientras veía La mansión Foster para amigos imaginarios. Pero ahora comer en la mesa es más divertido porque todos conversamos de cosas agradables y yo puedo contar las cosas que me pasaron en el colegio.

El mejor día es el domingo: mi mamá me dijo que ahora nosotros seríamos un equipo y que yo era el chef de la casa. Mi trabajo sería ayudarla a tomar las decisiones saludables sobre lo que comeríamos en la semana. Yo siempre me inclino por las papas fritas y la pizza.

Mi mamá es más aficionada a las ensaladas, cremas y legumbres. Pero juntos logramos hacer un menú que nos guste a todos. No puedo comer papas todos los días, pero de vez en cuando logro convencerla. Por algo soy el chef.

Debo confesar que yo amaba comer empanadas de queso en la mañana. Pero mi mamá es una fajada. Ahora desayuno pizzas que me hace ella para desayunar (que hace con tortillas bimbo, la salsita que hace para la pasta, mozzarella y maicitos; arepas asadas con queso o con jamón de pavo, sanduches de pan integral, huevito revuelto). Ahora como fruta todos los días y siempre me la manda picada o en gajitos: manzana, mango, mandarina.

Al principio fue difícil. Pero ahora estoy menos gordito y cuando jugamos fútbol me canso menos. Así cuando uno de esos inventos no me gusta, yo le digo a mi mamá y ella no se pone brava cada vez que no me como la merienda. De vez en cuando ella me deja desayunar el cereal achocolatado que me gusta. Y todos felices.

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